SER Y NO SER
Sé que existo porque Google me encuentra. ¿Pero alguien me busca?
MASCARADA
Jamás se le cayó la cara de vergüenza: el bigote se la sujetaba muy bien.
18 CUMPLEAÑOS
Yo nunca sabré por qué me quieren.
...
Yo siempre sabré por qué me quieren.
Fdo.: Athina O.
El blog de la única web (Cartas-sin-sellos.com) dedicada exclusivamente a la correspondencia desde el año 2000.
lunes, 18 de octubre de 2010
Mascarada y otras hiperbrevedades
sábado, 16 de octubre de 2010
Siouxsie and the Banshees
MELT!
So many blazing orchids burning in your throat...
PAINTED BIRD
Painted bird, it's absurd, just a tainted bird hurting their twisted nerve
jueves, 14 de octubre de 2010
En el museo del Prado (2003)
EN EL MUSEO DEL PRADO
Estaba segura de que los vigilantes se habían dado cuenta de que era una intrusa. Y yo intentaba en vano disimular mi ignorancia, sin saber dónde mirar ni cuánto tiempo detenerme en cada cuadro. Empecé a sentirme como mareada, extraña, y me pregunté qué pintaba (y valga la expresión) yo allí. ¿Cómo se me había ocurrido ir al Prado? ¿Me creía que así cambiaría mi destino de hacer y deshacer cada 24 horas mi casa? Aturdida por esta desagradable sensación, fui dando bandazos de un cuadro a otro hasta que tropecé con un "perro semihundido en la arena" de Goya, que me devolvió a la realidad. La belleza de aquel instante me reconcilió conmigo misma.
Al salir compré un cenicero del Museo del Prado. Sé que nadie en casa preguntará de dónde salió. Ni yo lo contaré. No lo entenderían.
martes, 12 de octubre de 2010
Velas al viento en TRA
jueves, 7 de octubre de 2010
Pesadilla
Como los ángeles al caer del sol, yo también entraba en un sueño profundo, (...)
B.A.A.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Bocado segundo
Buzón brasileño 2 (Tania de Souza Gazito) Y dio otro bocado a la empanada, sin abrir los ojos, soñando con el nuevo mundo que le esperaba al otro lado del océano. Crujía y se desmigaba, aun caliente, en su paladar. Zarparía al día siguiente, un primo le había conseguido trabajo. Sus hermanos estaban contentos porque entraría dinero en casa, y su madre insistía en que escribiera a menudo. Sólo la abuela, en un rincón de la cocina, estaba callada. Entonces se dio cuenta de que sus manos enfermas habían amasado por última vez para él. Se acercó y se las apretó fuerte, fuerte, y ella no dijo ni un ay.
Yo sí que digo AYYYY.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Sigo participando...
| Buzón brasileño (Tania de Souza) |
jueves, 16 de septiembre de 2010
¡Sorpresa!
¡Tachán! Al abrir la puerta de casa, tras una agotadora jornada laboral, el salón estaba irreconocible: un sofá fucsia, cuadros de algas, una alfombra peluda. Pero la sorpresa no acababa ahí: la cocina metalizada, el baño lleno de espejos… al llegar al dormitorio exclamé: “¡Yo en esta horterada no duermo!”. Mi mujer, que iba junto a la presentadora, se echó a llorar. Se creería que una crisis matrimonial se arregla llamando a la televisión. Me fui a un hotel, y desde la cama vi el programa, en el que hasta parecíamos contentos. Entonces descubrí lo guapa que sale mi mujer en pantalla.
Ah, el relato tenía que empezar con ¡Tachán!
jueves, 9 de septiembre de 2010
4º temporada Relatos en Cadena
Papá solía morirse dos veces al día, y cuando nos íbamos de vacaciones hasta tres y cuatro. Contraté un servicio de asistencia telefónica para ancianos, pero papá se dedicó a cronometrar el tiempo que tardaban las ambulancias cuando llamaba muriéndose, o a no responderles cuando querían saber de él. Un día le cortaron el servicio, no sin antes mencionarle a un tal Pedro y el lobo. Harto, le mandé una mujer, disfrazada de enfermera, a vivir con él. Desde entonces apenas llama, dice que ha resucitado y sólo nos necesita cuando se le acaban los caramelos azules.
martes, 7 de septiembre de 2010
CASI (microrrelato)
CASI
El timbre me interrumpió. Una joven con mochila quería hacerme unas preguntas, “es para una encuesta sobre intención de voto”. Recordé a mi madre: “No abras a extraños”, y a mi padre: “Vives en una burbuja”, con lo cual me quedé indeciso. Pero luego volvió la voz de mi madre: “Sigue las instrucciones”, y pregunté: “¿Qué tengo que hacer?”. “Déjeme pasar, tardaremos muy poco”. Miré el reloj. “En esta casa se come a las dos, por decreto”, había advertido mi padre. Eran las dos menos cinco.
¿Estado civil?
Huérfano.
¿Nivel educativo?
Casi abogado.
¿Casi?
Disculpe, señorita, pero se me acabó el tiempo.
La eché sin contemplaciones. Volví a mi habitación, carraspeé, y empecé de nuevo el alegato final ante una corte de peluches colocados al borde de la cama.




